Ya nada tiene sentido si no estás,
me escribo tu nombre en la mano
como señal de tu recuerdo,
que revive en mí una y otra vez más.
La estúpida esperanza de que vuelvas,
me persigue a donde quiera que vaya,
ese deseo de rozarte,
tocarte, besarte,
se envuelve en un suspiro
de inmensa soledad.
No puedo evitar
quererte cada día más.
Yo sabía que algún día te irías,
sólo que de perderte, miedo tenía,
por eso pensarlo no quería,
pero, en el fondo, tu adiós me temía...
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